
Viajar por placer, para conocer nuevas gentes, viajar para……no morir, para dar de comer a tus hijos, para encontrar una salida en una vida donde no hay futuro.
Hoy en día relacionamos el viajar como algo que demuestra nuestro nivel económico, (aunque después estemos pagando la semana que hemos pasado en Canarias durante todo el año) pero hay otro tipo de viaja "organizado" al que damos la espalda, el viaje de gente que sabe que difícilmente llegará a tierra, no llegará a un bonito aeropuerto, lleno de “duty free”, lleno de ejecutivos que sin mirar a nadie, sin sonreír, absortos en su proyecto de subida a la pirámide, pasean como islas por las terminales. Hablo del otro viajero, del que si consigue llegar a tierra, aunque sea nadando, no le espera un taxi, ni un responsable de la agencia de viajes, brazo en alto con la carpeta haciendo ver el logotipo de la empresa. Le espera el frío, el helor de la madrugada, la incertidumbre de no saber si le atraparán, el miedo de no saber si sobrevivirá, posiblemente la pena de ver a su hijo de pañales que ha dejado de llorar.
Todos vemos las noticias de las televisiones, leemos los diarios, y miramos con ojos ausentes las escenas; pero en menos de sesenta segundos, cuando comienzan los deportes, los cotilleos y las discusiones políticas, desaparecen de nuestra mente como si de una película se tratara.
Identificamos le inmigración con el paro, es más fácil decir que los inmigrantes nos quitan el trabajo (el que ninguno quiere hacer) que buscar y exigir soluciones a nuestros representantes. Identificamos la inmigración con la delincuencia, con las pandillas, pero no hacemos lo mismo cuando tres adolescentes, uno de ellos menos de edad, a las cuatro de la mañana tras varias horas de acoso, deciden quemar viva a una mendiga que se refugiaba en un cajero, cuyo único mal es no haber podido soportar un desengaño amoroso.
Las mafias exigen grandes cantidades de dinero a personas, que no encuentran salida, que piensan que es su única alternativa y que en la mayoría de los casos están pagando su sepultura.
No tengo la llave para evitar esto, no sé la solución, pero puede que si al menos tratáramos a los inmigrantes, como en general, nos trataron a nosotros cuando la única salida de muchos familiares fue exiliarse, al menos pagaríamos la deuda moral que tenemos con la humanidad.
Hoy en día relacionamos el viajar como algo que demuestra nuestro nivel económico, (aunque después estemos pagando la semana que hemos pasado en Canarias durante todo el año) pero hay otro tipo de viaja "organizado" al que damos la espalda, el viaje de gente que sabe que difícilmente llegará a tierra, no llegará a un bonito aeropuerto, lleno de “duty free”, lleno de ejecutivos que sin mirar a nadie, sin sonreír, absortos en su proyecto de subida a la pirámide, pasean como islas por las terminales. Hablo del otro viajero, del que si consigue llegar a tierra, aunque sea nadando, no le espera un taxi, ni un responsable de la agencia de viajes, brazo en alto con la carpeta haciendo ver el logotipo de la empresa. Le espera el frío, el helor de la madrugada, la incertidumbre de no saber si le atraparán, el miedo de no saber si sobrevivirá, posiblemente la pena de ver a su hijo de pañales que ha dejado de llorar.
Todos vemos las noticias de las televisiones, leemos los diarios, y miramos con ojos ausentes las escenas; pero en menos de sesenta segundos, cuando comienzan los deportes, los cotilleos y las discusiones políticas, desaparecen de nuestra mente como si de una película se tratara.
Identificamos le inmigración con el paro, es más fácil decir que los inmigrantes nos quitan el trabajo (el que ninguno quiere hacer) que buscar y exigir soluciones a nuestros representantes. Identificamos la inmigración con la delincuencia, con las pandillas, pero no hacemos lo mismo cuando tres adolescentes, uno de ellos menos de edad, a las cuatro de la mañana tras varias horas de acoso, deciden quemar viva a una mendiga que se refugiaba en un cajero, cuyo único mal es no haber podido soportar un desengaño amoroso.
Las mafias exigen grandes cantidades de dinero a personas, que no encuentran salida, que piensan que es su única alternativa y que en la mayoría de los casos están pagando su sepultura.
No tengo la llave para evitar esto, no sé la solución, pero puede que si al menos tratáramos a los inmigrantes, como en general, nos trataron a nosotros cuando la única salida de muchos familiares fue exiliarse, al menos pagaríamos la deuda moral que tenemos con la humanidad.
Octubre 2005
Etiquetas: vacaciones
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