Otra vez casi en Navidad. Hace tiempo que no paseo por estos campos, y la verdad es que también hace mucho tiempo que lo necesito. Me lo dice mi corazón que lo tengo algo ansioso y alterado, él me retiene, me para me mira fijamente..., pero yo no le hacía caso. Estoy reaprendiendo a caminar, a dar pocas pisadas pero firmes, a ser capaz de agotar los botes de lágrimas que tenía arrinconados en aquel pequeño almacén, en el que ya no cabía ni un alfiler. Caminar...
miércoles, noviembre 12, 2008
miércoles, diciembre 14, 2005
lunes, diciembre 05, 2005

La navidad siempre ha sido para mi la mejor época del año, me gusta, creo que es porque me hace volver a sentir como una niña. Auque últimamente cada vez me cuesta algo más sentir aquella navidad que sentía. Puede ser que me influya lo pronto que empezamos a escuchar villancicos en los centros comerciales, que cada año comienzan antes las campañas, ¡casi cuando acaban las rebajas de verano!. También me abruma tanto anuncio de felicidad tipo “vuelve a casa por navidad” , que aparece ante mis ojos como una obligación estacional. ¿Y los regalos? mira, me gusta regalar, porque casi soy compradora compulsiva, pero eso de andar con una lista y pasarte dos días mirando escaparates y estanterías llenas de cosas, pensando ¿le gustará? ¿qué me regaló él? ¡a ver si quedo mal! ¡total si el siempre le regalo lo mismo!... En fin, que lo paso mal, los regalos creo que hay que hacerlos cuando te nacen, no porque lo dice el calendario. Aunque creo que no lo he pasado mejor en mi vida que cuando iba a comprarle los juguetes a mi hijo, digo iba porque el muchachito ya tiene 12 años, usa un 45 de pie y ya ha comenzado a afeitarse el bigote (¡mamá no se lo digas a nadie¡), bueno el caso es que cuando iba, iba muy a gusto, me relamía mirando las estanterías, buscaba y rebuscaba antes de decidirme, ¿le gustará? este sí pero no es para su edad…., este seguro que le encanta…..este otro le ayudará a…En fin que casi una tesis doctoral para que luego después de los primeros diez minutos de éxtasis no le hiciera caso a ninguno de los juguetes el resto del año, eso si, en la estantería de la habitación quedaban muy bien. Él prefería jugar con la caja vacía, con los papeles rotos, subirse a los árboles y no parar en todo el día. ¡Cuantas lecciones nos dan los hijos! A veces hacemos complicado lo fácil, y construimos un castillo en el aire, mientras ellos de una manera sencilla nos están indicando el camino.
Diciembre 2005
martes, octubre 25, 2005

Viajar por placer, para conocer nuevas gentes, viajar para……no morir, para dar de comer a tus hijos, para encontrar una salida en una vida donde no hay futuro.
Hoy en día relacionamos el viajar como algo que demuestra nuestro nivel económico, (aunque después estemos pagando la semana que hemos pasado en Canarias durante todo el año) pero hay otro tipo de viaja "organizado" al que damos la espalda, el viaje de gente que sabe que difícilmente llegará a tierra, no llegará a un bonito aeropuerto, lleno de “duty free”, lleno de ejecutivos que sin mirar a nadie, sin sonreír, absortos en su proyecto de subida a la pirámide, pasean como islas por las terminales. Hablo del otro viajero, del que si consigue llegar a tierra, aunque sea nadando, no le espera un taxi, ni un responsable de la agencia de viajes, brazo en alto con la carpeta haciendo ver el logotipo de la empresa. Le espera el frío, el helor de la madrugada, la incertidumbre de no saber si le atraparán, el miedo de no saber si sobrevivirá, posiblemente la pena de ver a su hijo de pañales que ha dejado de llorar.
Todos vemos las noticias de las televisiones, leemos los diarios, y miramos con ojos ausentes las escenas; pero en menos de sesenta segundos, cuando comienzan los deportes, los cotilleos y las discusiones políticas, desaparecen de nuestra mente como si de una película se tratara.
Identificamos le inmigración con el paro, es más fácil decir que los inmigrantes nos quitan el trabajo (el que ninguno quiere hacer) que buscar y exigir soluciones a nuestros representantes. Identificamos la inmigración con la delincuencia, con las pandillas, pero no hacemos lo mismo cuando tres adolescentes, uno de ellos menos de edad, a las cuatro de la mañana tras varias horas de acoso, deciden quemar viva a una mendiga que se refugiaba en un cajero, cuyo único mal es no haber podido soportar un desengaño amoroso.
Las mafias exigen grandes cantidades de dinero a personas, que no encuentran salida, que piensan que es su única alternativa y que en la mayoría de los casos están pagando su sepultura.
No tengo la llave para evitar esto, no sé la solución, pero puede que si al menos tratáramos a los inmigrantes, como en general, nos trataron a nosotros cuando la única salida de muchos familiares fue exiliarse, al menos pagaríamos la deuda moral que tenemos con la humanidad.
Hoy en día relacionamos el viajar como algo que demuestra nuestro nivel económico, (aunque después estemos pagando la semana que hemos pasado en Canarias durante todo el año) pero hay otro tipo de viaja "organizado" al que damos la espalda, el viaje de gente que sabe que difícilmente llegará a tierra, no llegará a un bonito aeropuerto, lleno de “duty free”, lleno de ejecutivos que sin mirar a nadie, sin sonreír, absortos en su proyecto de subida a la pirámide, pasean como islas por las terminales. Hablo del otro viajero, del que si consigue llegar a tierra, aunque sea nadando, no le espera un taxi, ni un responsable de la agencia de viajes, brazo en alto con la carpeta haciendo ver el logotipo de la empresa. Le espera el frío, el helor de la madrugada, la incertidumbre de no saber si le atraparán, el miedo de no saber si sobrevivirá, posiblemente la pena de ver a su hijo de pañales que ha dejado de llorar.
Todos vemos las noticias de las televisiones, leemos los diarios, y miramos con ojos ausentes las escenas; pero en menos de sesenta segundos, cuando comienzan los deportes, los cotilleos y las discusiones políticas, desaparecen de nuestra mente como si de una película se tratara.
Identificamos le inmigración con el paro, es más fácil decir que los inmigrantes nos quitan el trabajo (el que ninguno quiere hacer) que buscar y exigir soluciones a nuestros representantes. Identificamos la inmigración con la delincuencia, con las pandillas, pero no hacemos lo mismo cuando tres adolescentes, uno de ellos menos de edad, a las cuatro de la mañana tras varias horas de acoso, deciden quemar viva a una mendiga que se refugiaba en un cajero, cuyo único mal es no haber podido soportar un desengaño amoroso.
Las mafias exigen grandes cantidades de dinero a personas, que no encuentran salida, que piensan que es su única alternativa y que en la mayoría de los casos están pagando su sepultura.
No tengo la llave para evitar esto, no sé la solución, pero puede que si al menos tratáramos a los inmigrantes, como en general, nos trataron a nosotros cuando la única salida de muchos familiares fue exiliarse, al menos pagaríamos la deuda moral que tenemos con la humanidad.
Octubre 2005
Etiquetas: vacaciones